Fuerza.

Se sentía el vacío, 
un agujero profundo se había formado en mi corazón.
Era un pozo sin fin, 
un pozo que comía sentimientos,
los enterraba en la oscuridad,
los envolvía de olvido
y los escupía convertidos en desolación,
en peligrosas lágrimas.
Yo sola no era capaz de repararlo,
sólo crecía y crecía.
El final se acercaba
y aunque mi corazón trataba de aguantar,
mi mente sabía que no se puede lidiar con un dolor como ese
por mucho tiempo.
El final acechaba lentamente,
viendo como el dolor me devoraba,
raspando los bordes del agujero,
haciéndolo más grande,
más insoportable.
Me adentraba cada vez más en ese túnel,
sin salida,
sin luz,
sin nada.
¿Debía seguir resistiendo, 
seguir sufriendo
o debía admitir la derrota
y abandonar el juego?
Me animé y seguí respirando
de la mano de la esperanza,
de la maldita esperanza.


Y apareció ella, de la nada,
sin pedirlo.
Una mano amiga.
Apareció sin llamarla,
no era mi madre ni mi hermana,
simplemente, era una amiga.
Ella había pasado por tanto,
llorado tantas veces,
había sido destruida y vuelta a armar.
Sin embargo, pesar de todas las trampas que le había puesto la vida
allí estaba,
parada y sonriéndome,
ayudándome,
instruyéndome en cómo concentrarme en las cosas buenas,
en la belleza del mundo cuando todo se veía negro.
Me enseño a respirar de vuelta,
a contar hasta 10 y seguir caminando,
a levantarme cada vez que me caía.
Una palabra de ánimo,
una sonrisa,
eso era todo lo que necesitaba;
que alguien me mirara,
que me escuchara,
que me comprendiera.
Y allí estaba ella,
tan buena y llena de esperanza,
para mí, para ayudarme.
Sólo me quedó agradecer,
al Dios o al destino que la envió,
que la cruzó en mi vida.
Gracias a ella soy capaz de levantarme de la cama todos los días,
de ponerle el pecho a los problemas,
de sonreír cada vez que algo me lastima.
Gracias a ella soy capaz de vivir.


Por eso y más,
el decir que estoy agradecida es quedarse corto.
Por eso sé que no hay obstáculo que me impida
velar por su felicidad,
por su sonrisa.
Por eso sé que voy a estar en cada momento que me necesite,
que enjugaré sus lágrimas,
que la alegraré cuando esté sumida en la pena,
que cantaré para alejar sus miedos,
que bailaré y contaré chistes malos sólo para verla reír,
que odiaré a cada persona que le haga daño
y que estaré de acuerdo con quien le haga un cumplido.
Por que ella es mi amiga y siempre estuvo ahí para mí,
porque la quiero.


Gracias.

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