Yo, libre.
Siento que no tengo un lugar en el mundo, que las personas no me conocen ni me ven tal cual soy, ni siquiera mis seres más cercanos. No saben mis razones para respirar ni saben qué pasa por mi mente, sería un milagro que alguien en el mundo me comprendiera, que se pusiera en mi lugar. ¿Por qué no se dan cuenta que soy diferente? Solo piensan en lo que es evidente sin tratar de profundizar en los sentimientos. Solo en mi mundo me siento completa, porque al mundo ya no pertenezco, nadie ve mi sentido ni dirección, solo ven lo que yo quiero que vean. Pero a la gente no le interesa lo que soy, ni lo que tengo para decir ya que mis palabras no tienen peso en la realidad ni mi imaginación tiene significado entre tanta incoherencia.
Querer escapar ya no sirve, somos esclavos de lo que ven nuestros ojos y captan nuestros sentidos, volar ya no es una palabra que se usa a menudo y la libertad no tiene un peso valorable.
Pero para mi si. Tratar de ser lo que sueño ser, tratar de hacer ver a la gente un poco de mi mundo, con un poco de locura y extravagancia, pero todo tiene sentido mientras yo lo encuentre. Escaparse de la realidad, por más aterradora que sea, no es lo correcto. Sin embargo, la vida sin sueños no tiene razón de ser, los sentimientos no fluirían con naturalidad y libertad en nuestro inconsciente. No podría vivir sin ello. Sería existir sin colores, sin sonidos, sin nada que motivara que nos sigamos moviendo, respirando.
Lo que quiero es que me escuchen. Si quieren juzgarme, háganlo pensando en que cada cosa, buena o mala, servirá para que mi ser se haga más fuerte y trate de brillar con más intensidad. Escuchen lo hermoso que es el mundo, poniendo atención en aquellos detalles que antes parecían inocentes, normales. Vayan al patio y tírense en el pasto, conscientes de cada roce, cada movimiento. Sentirán cómo el espíritu se eleva, se desprende y cae en la cuenta de todo aquello que no recordaban que existía. Nunca podrán describir lo que se siente en esos momentos donde la libertad se hace más verdadera que nunca, cuando se puede afirmar que vuelas. Nada es mejor que el alma sienta que se desprende de lo que siempre fue, solo una palabra. Así me siento yo, libre.
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