Hoy me acerqué a la ventana a fumar mientras escuchaba música. Mientras estaba ahí, comencé a observar a la gente que pasaba, a sentir el viento en mi cara, el filo de la ventana en mis manos. Observé el suelo y me atacaron unas enormes ganas de tirarme, de que la vereda me pegara con fuerza, que destrozara mi rostro, mi vida. Nunca sentí tan fuerte ese deseo, un deseo de autodestrucción, de muerte. Sin embargo, pensé que ya estaba fumando, que moría más rápido que las demás personas sanas. Rápido pero lento... Y entonces caí en la cuenta de que tengo que ir al psicólogo. Urgentemente.
Porque estoy rota, la adversidad me hizo añicos el corazón. Mientras el viento se lleva los retazos de un amor que nunca existio, yo sigo el camino, lejos de todo, lejos del adiós.
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