Alas
Jurándolo por mi banda favorita
y ante una sala llena de jueces,
puedo llegar a decir
que el tiempo invertido en mis amigos
fue el que más pude disfrutar
en mis días de exilio.
¿Qué puede ser más emocionante que encontrar
en aquellas personas amadas
las alas que tanto ansiaba poseer?
Con cada sonrisa que ellos me dedicaban,
con cada abrazo que me daban,
yo construía un mundo, mi mundo,
un mundo del que nunca quería salir.
Sin embargo, ese tiempo injusto, tránsfuga,
que hace que todas las cosas pasen volando
cuando recién las comenzás a disfrutar,
Se rió de mí y me miró con cara de pocos amigos
y me echó de mi sueño, de mi mundo
por el simple hecho
de que me estaba volviendo grande.
Se puso la careta de "tiempo adulto"
y me quiso obligar a madurar,
a despedirme de las cosas que,
con un gran esfuerzo,
había llegado a construir.
Sin embargo, cómo deleitándose con mi dolor
me concedió tres meses para poner todas las cosas en orden
y así, después, poderme marchar.
¡Imagínense!
¡Tres meses para despedirme de mi vida anterior,
de mis amigos,
de mi rutina,
de mi mañana colegial,
de mi siesta vespertina,
de mi mundo!
¿En qué cabeza cabe?
Sin embargo,
aunque pellizque, patalee, o muerda,
el tiempo es tiempo y el mundo es mundo.
Yo no soy nadie como para enfrentarme al destino,
quién tiene bajo su mando toda la fuerza del cosmos.
Me obligaron,
me obligué,
y ya no peleo más,
Aunque no puedo prometer
que las lágrimas no bañaran mis ojos.
Las etapas son duras,
un día sos una niña soñando con volar,
y al otro día sos un cronopio con alas
pero con los pies bien pegados al piso,
teniendo miedo de volar.
Ya no sé lo que significa crecer,
si hubiera supuesto que dolía tanto
me hubiera quedado allá,
en ese lugar infinito,
que fue mi primer hogar.
Ahora, condenada a un futuro incierto,
camino con mis recuerdos de la mano,
procurando que no se lastimen
porque son lo último que tengo.
Viejos pero amados vestigios
de lo que fui,
y pude ser.
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