Extracto.
"... En unos cuantos pasos la tuve erguida ante mí. Allí estaba, alta, uniforme, plasmada en ese gris aburrido y fantasmal que anunciaba lluvia. No creí necesario cruzar la calle, en mi posición era capaz de apreciar la escena muy bien, quería que mis ojos pudieran llegar a ver hasta los más oscuros recovecos de aquella esplendida construcción.
El viento comenzó a rugir con más fuerza, la tormenta no se estaba haciendo esperar. Las personas a mi alrededor apuraron el paso con la esperanza de resguardarse. Pero yo no me moví, el sabor de ese momento me embargaba.
El edificio parecía respirar, lo hacía de una manera casi imperceptible, pero lo hacía. Alcé mi rostro hacia el cielo y el viento me alborotó el pelo. La respiración comenzó a agitarse, como si supiera lo que estaba por suceder. No pude evitar sonreír..
El final era inevitable. Todo me llevaba a ello, cada uno de los caminos que podía tomar mi vida me llevaba a esa situación. Sin embargo, eso no me importaba, sabía que ese era mi destino. Además, yo lo deseaba.
Cerré los ojos y me entregué por completo, me dejé llevar. Un débil repiqueteo a lo lejos alimentó la dicha que en ese mismo momento inundaba mi ser. "Está temblando" me susurró su voz al oído. Ya no había más, el fin era inminente, su caída estaba llegando.
Sin esperar más, con un simple chasquido de dedos el espectáculo comenzó. Abrí los ojos para poder ser testigo de aquella maravillosa destrucción y me deleité con lo que veía. Pilar por pilar, el edificio fue cayendo hasta quedar hecho trizas, quedando sólo algunos ladrillos en pie y mucho polvo. Demasiado polvo.
Sin que nada me afectara, me acerqué a las ruinas. No quedaba nada de lo que una vez había sido, no quedaba nada de aquella espléndida catedral. Sin embargo, mi sed de venganza no se aplacó hasta que estuve seguro de que todo estaba destruido. Contento, solté un largo suspiro mientras escuchaba como la voz reía a carcajadas.
Minutos después, alcé mi vista hacia el polvo sobre mi cabeza, aquel polvo que impedía que viera el cielo aunque no me importó. Entonces mi sonrisa se hizo más pronunciada y mis labios clamaron hacia la infinita suciedad que surcaba entre mi persona y el firmamento: "Mi venganza yace aquí."..."
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